Hay que asumir, en el tradicionalismo, que estamos derrotados, perdimos la partida no en el siglo XIX sino en el XVII, con la crisis de la segunda escolástica, toda nuestra concepción de mundo se vino abajo y no hemos podido restablecerla. Incluso en la Iglesia, estamos fuera. Todo lo que ha venido después, legitimismo, contrarrevolución, corporativismo, etc., son tentativas heroicas pero destinadas a fracasar porque no se ha resuelto el tema metafísico y teológico primario y la pérdida de la metafísica(y la fe al final) es el peor de los males.
Estamos derrotados pero no rendidos. Los pocos pensadores tradicionalistas deberían buscar repensar estos problemas y comprender que se ha hecho mal en lugar de repetir lo mismo de siempre, así surgen nuevas posibilidades. No nos rendimos ante la Ciudad del hombre para el hombre. Pero eso no significa insistir obstinadamente en fórmulas caducas y que no podrán volver, sino en recuperar el espíritu, el fuego de la Tradición, en medio de las cenizas y buscar comprender mejor que ha pasado. Sabiendo que Cristo venció en la Cruz, hacemos nuestro trabajo.
Por otra parte, habían grandes defectos en la Edad media, la situación del campesinado estaba lejos de ser óptima en el feudalismo, abusos de poder en la Iglesia, pérdida progresiva del espíritu católico en la sociedad, etc. Sin hacernos cargo de eso, no podemos plantear nada. La concepción ilustrada-racionalista es pésima, pero no venció porque sí, se impuso porque habían problemas reales que no supimos darles respuesta adecuada, o unos como Feijoo buscaban la modernización manteniendo "cierto" catolicismo, otros como Voltaire, iban más allá. Y así, estos problemas reales quedaron hasta que todo fue demasiado tarde, triunfaron Locke, Voltaire, la Revolución, etc. Por eso soy contrario a repetir como discurso fórmulas caducas y superadas por la historia, más allá de sus aspectos universales, hay mucho de contingente.
Quizás el principal error del neotomismo y por extensión, de buena parte del tradicionalismo, ha sido reducir dichos conceptos a sistema, y sistema cerrado, donde todo halla su explicación, en lugar de un pensamiento casuista, abierto al Misterio, eso es realmente tradicional. Santo Tomás no habría aceptado ver transformada su filosofía en un sistema lógico conceptual y coherente, casi positivista, como hace mucho neotomismo. Es un diálogo y una búsqueda de la Veritas divina y natural, sin categorías cerradas, pero sí anclado en una sólida metafísica.
Eso se perdió en la modernidad, y el tradicionalismo no ha sabido recuperarlo, ni siquiera ha estado consciente del problema. Todos los defectos "tradis" del rigorismo, integrismo, clericalismo, mentalidad sectaria vienen de esta sistematización del tomismo y la Tradición. Es la lógica cartesiana aplicada al Aquinate, lo que es en realidad una aberración si se piensa bien. Las Summas, los tratados teológicos, filosóficos, son búsquedas indiciarias de la Verdad, no exposiciones sistemáticas cartesianas que llevan al olvido del Ser.
Entonces, el tradicionalismo que pretende ser auténticamente tradicional y no impostación moderna, debe plantearse como un pensamiento abierto y no cerrado en sí mismo, una lógica de lo posible y plausible, jamás renegar de la metafísica clásica, sino que abrirse al silencio.
Lo contrario es terreno fácil para que el tradicionalismo se vuelva ideológico, del Sistema cerrado es muy fácil pasar a la ideología y eso pasa en mucho "tradi", con sus consecuencias indeseables de rigorismo, sectarismo, puritanismo, integrismo. La dialéctica filosófica clásica es eso, una búsqueda de la verdad probable por indicios, huellas, avances, retrocesos, diálogos socráticos, un pensamiento problemático y aporético y no deductivo ni apodíctico. Es lo mismo que pasa con el Derecho y la codificación moderna.
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